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El grabado en España

En España, si bien no hemos tenido una continuidad en maestros grabadores, como ocurre en otros países como Holanda o Italia, sí tenemos grandes artistas que, además de destacar como pintores, han descollado también en el arte del grabado, es más, tenemos figuras cimeras de la historia del grabado: Goya y Picasso.

Por su importancia no puede faltar una referencia, aunque sea de pasada, al desarrollo de la enseñanza. La enseñanza oficial del grabado en España, que floreció en el siglo XVIII bajo los auspicios de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando, donde destacaron maestros como Palomino, Carmona, Gerónimo Gil, Moles, Monfort, que a su vez formaron a otros muchos, y que ha continuado inenterrumpidamente, atravesando épocas más o menos gloriosas, hasta hoy, en las Facultades de Bellas Artes, sus herederas naturales.

Casi al mismo tiempo que la creación de las Academias, el genio de Goya, del que nada podríamos añadir, irrumpe en el mundo del grabado. Su obra pasó a formar parte de los grandes relatos gráficos y de las más emocionantes epopeyas visionarias

Pintor universal, figura cimera de la Historia del Arte, Goya lo es también de la Historia del Grabado. La importancia de su obra gráfica es sólo comparable a la de Durero, Rembrandt o Picasso en nuestros días.

Una amplísima producción, más de 2.000 estampas, de gran variedad temática, realizada con total dominio, diversidad y experimentación técnica, hacen de Pablo Picasso el maestro por antonomasia del grabado contemporáneo. A él se le deben algunas de las estampas más bellas de la Historia del Grabado.

¿Qué es un grabado?, ¿Qué es una estampa? y ¿Qué entendemos por
estos términos?
, son preguntas que oímos frecuentemente a todos aquellos que se acercan al mundo del arte y quieren saber sobre el grabado y la estampación.

Son dos términos que todavía hoy, muy a menudo, se confunden o se les da un sentido equivocado, ya por extensión de la palabra, ya por desconocimiento o por aplicación incorrecta. Es por ello que nos parece oportuno empezar este libro con la definición de estos dos conceptos, es pues fundamental, desde ahora mismo, establecer el significado de cada uno de ellos.

Hay que matizar primeramente que, con la palabra grabado, sólo se designa una parte del proceso para obtener una estampa. Grabar es dibujar sobre una materia dura con incisiones, mediante una punta, buril, cincel, etc. Se graba sobre una plancha de metal o de madera, que se transformará en la matriz para una reproducción múltiple, sobre el papel, de la imagen incidida. Así se entiende que, un grabado es la matriz, el taco de madera, la plancha de metal o todo material incidido o tallado, susceptible de recibir tinta y que permite trasladar la imagen al papel, a través del proceso de estampación o impresión, tantas veces como sea necesario.

La imagen, una vez trasladada de la matriz grabada al papel, mediante el entintado y una presión, se llama estampa y es el resultado final de todo el proceso de elaboración de un grabado. La estampa también se puede denominar prueba, vocablo muy usual, sobre todo, en el ámbito de los talleres. Y aunque sin ser tan específicamente correcto, por extensión del término y como sinónimo, es de uso común la palabra grabado.

Asimismo cabe puntualizar que, internacionalmente, también por extensión, se admiten y engloban dentro de estas dos denominaciones -grabados y estampas- las litografías y las serigrafías. Dos técnicas que, como veremos, por su proceso de elaboración no se corresponden con toda exactitud con el concepto "grabado".
Con el tiempo, se han ido desarrollando procesos y técnicas que han concluido en nuevos métodos para obtener imágenes múltiples sin necesidad de incidir o tallar la matriz, pero que, en la estampa, su aspecto formal es parejo al de los tradicionales: tienen un proceso de elaboración similar; se mantiene la imagen en un soporte de papel, y la condición de múltiple. Por estas razones se las engloba dentro de las clasificaciones generales de grabados y/o estampas y su resultado igualmente se denomina estampa.

Orígenes y características principales del arte del grabado

La palabra española grabar procede de la voz francesa equivalente graven que a su vez deriva del ámbito lingüístico germánico, y la máxima autoridad en cuestiones etimológicas del idioma castellano, el profesor J. Corominas, ha precisado que su utilización está registrada por primera vez entre nosotros en 1588; una fecha que al poco informado en la materia le podrá parecer, en principio, un tanto tardía, pero que en realidad viene a coincidir poco más o menos con la de las primeras estampas hispanas de autor relevante (Roelas, Ribalta), dicho de otra manera, también en este caso aparecen coetáneamente el hecho artístico y la palabra que lo designa. El vocablo grabar tiene desde entonces la aceptación usual de "dibujar algo sobre una superficie mediante incisiones" Y se puede grabar con distintas finalidades: un bisonte sobre la pared de una cueva para propiciar la caza; una cabeza de medusa sobre el peto de una armadura de acero o sobre un escudo para aterrorizar al enemigo; un corazón atravesado por una flecha sobre la corteza de un árbol como testimonio de amor, etc. Pero naturalmente aquí vamos a ceñimos a la operación de grabar que se propone como objetivo la obtención de una matriz con la cual estampar una determinada imagen.

El grabado es un hecho artístico diferente a los demás, un medio de expresión espiritual de alto valor estético e informativo, que requiere una técnica especializada y una profunda dedicación experimental. Como toda obra de arte constituye un complejo de partes tan sustanciales como difíciles de concretar y de separar analíticamente. Lo entendemos como: comunicación visual y es un lenguaje artístico, una forma sensorial de conciencia y un proceso de trabajo, con tradición, historia y futuro. Por cada una de las vertientes constitutivas que se acaban de indicar, el grabado está en relación íntima -y en ciertos aspectos llega prácticamente a identificarse- con otras modalidades de las artes plásticas vio visuales. Y es sin duda a través de su proceso de producción -mediante el examen empírico de sus reglas y procedimientos operativos- como mejor pueden captarse las peculiaridades del arte del grabado.

El proceso de trabajo en la elaboración del grabado tiene un tiempo propio, y se puede sintetizar en la siguiente fórmula ordenada. Transformación de una matriz, que llamamos plancha y esta constituida de materia dura, resistente (madera, metal, piedra, metacrilato...) mediante unos elementos accesorios (puntas, mordientes, barnices,...), en una matriz', con la que a su vez, junto a otros elementos (tinta, papel...) y recibiendo una determinada presión, se obtiene un resultado R, llamado Estampa. Resultado que es multiplicable (tiraje y edición), ya que a partir de la matriz se pueden obtener tantas estampas como se deseen o el material permita.

Dentro del grabado se pueden establecer varias clasificaciones que a su vez sitúan bajo diferentes denominaciones las particulares de cada proceso de trabajo. Son denominaciones que adoptan como factor delimitador los materiales de la matriz, el tipo de trazo, las herramientas o la clase de presión o estampación usada.


Historia y función de la estampa múltiple

En la función y la historia social del grabado se encuentran las bases para trazar su más firme defensa y enaltecimiento, si ello fuera necesario. La condición de múltiple confiere a la estampa su rol de obra más ampliamente divulgativa y democrática que ninguna de las demás manifestaciones artísticas, hasta la aparición de la fotografía y los medios audiovisuales actuales. En este sentido ha de subrayarse que el grabado ejerció un papel sociocultural paralelo al de la imprenta, descubrimientos ambos, casi coetáneos y evidentemente relacionados entre sí de manera estrechísima.

La imprenta, con su resultado multiplicador y abaratador, rompió con las limitaciones que imponía a la expansión de la cultura escrita la unicidad y la consiguiente carestía del libro elaborado a mano, uno por uno, en el "scnptorium" medieval. Más que el descubrimiento de América u otros acontecimientos históricos de índole semejante, lo que marca con relieve más vigoroso el nacimiento del mundo moderno occidental es, sin duda, el desarrollo de la imprenta, instrumento básico de la más grande "revolución cultural" de todos los tiempos, el desencadenamiento de lo que MacLuhan ha llamado "la galaxia Gutenberg.

Con el grabado se inició igualmente un efecto multiplicador y abaratador de la cultura visual, efecto de menos alcance y repercusión inmediata que la operada por la imprenta, pero a la larga de no menos trascendencia. Porque estarnos viviendo cada vez más en un mundo de imágenes, condicionado por la creciente multiplicación, economización amplia y libre difusión de éstas.

No se puede situar exactamente en el tiempo y el espacio ni la primera xilografía, ni el primer metal incidido, ni la primera serigrafía. Sus orígenes son orientales, derivaciones de técnicas artesanas como la estampación de sellos tallados en piedras duras, de telas, la orfebrería, la ornamentación de armas, etc. Los primeros grabados fueron estampados en China y, al igual que los primeros textos impresos, su cronología se mantiene aún en la penumbra cronológica. Que sepamos hasta este momento, ningún texto chino señala el origen preciso de la xilografía. La primera referencia escrita de este arte se da en el año 835, en un decreto de la provincia de Sihuan que prohibía la publicación particular de calendarios que, por aquel entonces, era un monopolio del estado. Y entre las imágenes impresas más antiguas que se conocen tenemos la del famoso Sufra del Diamante, que hoy se conserva en Londres, y que está fechada en el año 868. Es una imagen búdica encontrada en Tuen-huang, pueblo situado en la ruta de la seda, en los confines del Turquestán chino, que contaba con numerosos monasterios budistas y donde aparecieron las impresiones infinitas de imágenes de Buda en los llamados Rollos de los Mil Budas, del siglo VIII de nuestra era. Son series repetitivas de una misma imagen xilográfica organizadas en los libros "rollos" y que sobrepasan en mucho la cantidad de mil, puesto que se entiende el mil como un concepto que indica idea de multitud, no de cantidad fija, ya que, por ejemplo, en uno de ellos se llegan a contabilizar hasta 2.030 imágenes iguales.

La xilografía esta vinculada, como ya hemos apuntado antes, con la invención de la imprenta, una vinculación que se expresa incluso en la participación creadora común. Desde el principio el grabado ilustra el libro y participa con él en el renacimiento de las técnicas y las ciencias, documentando con ilustraciones los textos de botánica, anatomía, arquitectura, astronomía, perspectiva, etc., al mismo tiempo que infunde vida visual al campo de las humanidades, desde los libros religiosos, los de historia o de literatura, hasta los libros de cuentos para niños, por ejemplo.

También ha asumido el grabado funciones menos artísticas, con sentido más artesanal y fines más bien comerciales, como son la intervención de los grabadores en la emisión de billetes de banco, sellos de correo e incluso billetes de lotería, así como en las letras de cambio, tarjetas de visita, diplomas, cartillas caligráficas, naipes, escudos heráldicos, ornamentos y diseños para orfebres, estampas curativas (ciertas litografías del siglo XIX, que se debían ingerir como una medicina), catálogos industriales, etc.

En Europa a partir del siglo xv el grabado permitió alimentar la fuerte demanda de mapas, sobre todo en los países de grandes navegantes y en plena expansión del nuevo mundo. Y hasta la edad moderna el grabado cumplió principalmente la función de imagen prefotográfica, una función que muy bien explicaba W. Ivins: "... Una ilustración de botánica o anatomía puede ser casi puramente esquemática, pues el objeto que se pretende simbolizar no es un caso particular de la forma de una hoja o un músculo concreto, sino una amplia clase general de formas. Sin embargo, en el caso de las ilustraciones de una historia de la pintura o la escultura, lo que se persigue es una manifestación visual de las características o cualidades que diferencian cada obra de arte de todas las demás. Y éstas no son características generales, sino particularidades de lo más concreto y preciso.

Antes de que aparecieran la fotografía y los procedimientos fotográficos no había ni que esperar una manifestación visual como las conseguidas por la fotografía, y lo más que se podía pedir era una manifestación de primera mano hecha por un observador competente y honesto." (Imagen impresa y conocimiento, Barcelona, 1975, p. 80).

Esto generó multitud de escuelas de buriuistas reproductores, retratistas e intérpretes de los más preciados tesoros artísticos que guardaban los países más ricos.

En el siglo XIX afloró un gran desarrollo técnico: el perfeccionamiento de las prensas, la aparición de nuevos materiales (barnices, puntas, etc.); la invención de nuevas técnicas interdisciplinares como el "clisé-yerre", relacionado con la fotografía; la "gipsografia" inspirada desde la escultura; el método Bracquemond de raíces tradicionales.